ANIMALES FAMILIARES



Si quieres puede ser puro

 Pero para mí puro es salvaje

 Como el primer día del sol


 Ana cose para descocerse, compone para descomponerse a colores.
Antes hizo latente la condición material del vestido, deshilándolo, deshilachándolo, y continuó con su piel y órganos internos.
Una buena/nueva temporada de cosecha, de excavaciones, deja al descubierto otra capa de pintura: bajo la civilización y las buenas maneras subyace la profundidad animal de la tierra. Tal como suena.

 (Hoy la naturaleza es representada con una frivolidad que espanta. Es un decorado, styling, un look, un recurso estético sin mayor discurso o significado. Como si fuera una fantasía.
A inicios del siglo veinte los futuristas hablaban de las máquinas sin aliento, con el arrobamiento del tesoro descubierto; en nuestros tiempos ¿la representación reiterada del reino animal evidencia un universo antiguo y sublimado, un sueño recurrente?)

En las escenas de Ana la fauna encarna, la piel no es animal print. Nos recuerda que somos nosotros, bajo esta construcción residencial y funcional. Cuando aceleras el auto y tocas el claxon, cuando sales de cacería, cuando saciar el hambre o el sueño es lo único, cuando no piensas en nada, y miras al vacío…
y estamos iluminados, cuando nos chupamos los dedos, unos a otros, protegemos con la vida a nuestros hermanos, cuando volamos, amaestramos y depredamos; cuando somos vitales y sencillos, invasión bordada, peluda, de piel desbordada. Si errar es humano, el lado salvaje es nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos. Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.  

Cuando los animales atacan.



 Tilsa Otta
8 de septiembre de 2011

 




 

serie de 6 dibujos en papel. 31 x 25.5 cm  (2011)



















Grafito y bordado en tela. 104 x 102 cm (2011)











Grafito y bordado en tela. 130 x 102 cm (2011)












Grafito y bordado en tela. 131 x 186 cm (2011)











Bordado en tela. 33 x 39 cm (2011)








Bordado en tela. 33 x 39 cm (2011)



Bordado en tela. 33 x 39 cm (2011)




Bordado en tela. 33 x 39 cm (2011)








Grafito y bordado en tela.  70 x 49 cm  (2011)


Grafito y bordado en tela. 70 x 49 cm (2011)




Dibujo en papel. 25.5 x 31 cm (2011)







bordado en tela. 190x 140 cm (2011)



 



 
Bordado en tela. 165 x 125 cm (2011)







Grafito en tela. 117 x 155 cm (2011)

 
 Mesa de madera, pata de madera forrada en piel de chivo.  60 x 90 x 73 cm (2011)





NIDO






 Colaboración de Luis Salcedo
 Pelo natural, base de madera y metal.  25 x 30 x 50 cm (2011)








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2010




bordado en tela. 20 x 25 cm (2010)
 bordado en tela. 25 x 18 cm (2010)







bordado en tela. 135 x 96 cm (2010)

bordado y tela. 110 x 140 cm (2010)






 




bordado y tela. 110 x 105 cm (2010)




 

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MODOS DE VESTIR


Modos de Vestir, primera individual de la artista Ana Teresa Barboza, presenta obras en escultura, fotografía, dibujos bordados, así como híbridas prendas de vestir que indagan en las distintas posibilidades del vestido como elemento de socialización y que, en conjunto, funcionan como una alegoría del propio cuerpo.
La artista recurre al vestido como una figura capaz de revelar actitudes para con el entorno inmediato, y recurre también a la configuración de vínculos intersubjetivos. En este sentido, las prendas facilitan la visibilización de conductas y dinámicas comunes en las relaciones afectivas —especialmente las de pareja— que escenifican vínculos de apego y dependencia. Barboza se aleja así de la línea estrictamente autoreferencial de su trabajo previo, en el que su cuerpo se presentaba seccionado, herido, hurgado y delicadamente recompuesto a través de la costura y el bordado. En Modos de Vestir el ropaje no se entiende más como un sustituto figurado de la piel, como el otrora tejido limítrofe, campo de conflicto y negociación de un cuerpo que mira hacia el interior. En esta primera individual, el ropaje se entiende como metáfora de modos relacionales: el cuerpo vira la mirada hacia su entorno y analiza la calidad de los vínculos que lo unen a otros.

En esta ocasión el bordado se distancia de la aplicación de patrones decorativos y se torna en herramienta narrativa. A través de viñetas en fino hilván y de aplicaciones sobre fotografías transferidas en tela, el bordado asume las formas del dibujo y la pintura. Esta narrativa resulta evidente en el primer grupo de dibujos bordados en el que la artista nos presenta una serie de instrucciones a seguir (o precauciones a tomar) en formato de diario. Mientras nos introduce, paso a paso, en el proceso de construcción de una prenda, Barboza establece el primer paralelo entre las relaciones afectivas y las prendas de vestir: ambas se encuentran atadas, cosidas por hilos a veces invisibles y, además, su proceso de confección puede resultar doloroso.

Por otro lado, un segundo conjunto de prendas diseñadas y elaboradas por la artista semejan estructuras blandas y móviles que configuran ‘espacios’ para ser habitados por dos cuerpos. Las “prendas-para-dos” se establecen entonces como instrumentos relacionales con el potencial de facilitar un tipo de encuentro condicionado, pero a la vez como una barrera que impone una postura y una interacción que, a su vez, limita la posibilidad de movimiento individual: estos vestidos existen solo cuando hay cuerpos que los sostengan y los activen; sin ellos sus superficies inertes se tornan en pura oquedad.

Finalmente, un tercer grupo nos confronta con una figura un tanto distinta. El elemento central lo constituye una delicada pieza escultórica en resina. La obra —un híbrido entre mesa, mantel y mandil— alude a lugares comunes en nuestras construcciones sociales de género. Más allá de la asociación primera y evidente del cuerpo femenino (ausente) y de lo doméstico; la mesa-mandil apunta también a una actitud de servicio para con los demás. Esta actitud se revela una vez más como una atadura, una condición que estanca cual pesado lastre. El acabado aporcelanado provee a la mesa-mandil de un particular refinamiento y aparente ligereza. Esta, sin embargo, no es más que una apariencia frágil. La pieza, en realidad, es engañosamente maciza. La feminidad no es más que un cúmulo de signos arbitrariamente asignados de los que Barboza se apropia con sutil ironía.

Modos de Vestir abre el imaginario de Ana Teresa Barboza, poniendo énfasis en distintas modalidades del vestir. En efecto, uno puede vestir una mesa, un cuerpo, o incluso vestir las palabras; las distintas modalidades del vestido articuladas aquí operan sin embargo en clave alegórica. Quizás uno podría pensar en Modos de vestir como un ensayo de las distintas posibilidades del vestido como lenguaje, o acaso como elemento determinante en la configuración de un lenguaje corporal; pero sobre todo, las piezas constituyen un léxico privado, íntimo, que Barboza comparte con nosotros en un tono casi confesional.


Sharon Lerner








 INSTRUCCIONES














serie de 12 bordados en tela. 30 x 25 cm c/uno (2009)